Enviados de Guaidó desviaron fondos destinados a la «Ayuda humanitaria».

Orlando Avendaño, editor en jefe del medio PanamPost en Español, que siempre se ha caracterizado por una virulenta línea editorial contra el gobierno venezolano, publicó este viernes 14 de junio un controversial artículo revelando un inmenso escándalo de corrupción protagonizado por Rossana Barrera y Kevin Rojas, emisarios de Juan Guaidó en Colombia y militantes de Voluntad Popular, quienes habrían realizado desvío de dineros, malversación de fondos, fraude y amenazas en el manejo del dinero destinado para la «ayuda humanitaria» y el hospedaje de militares desertores venezolanos. Denuncia cómo se rodearon de lujos, y que incluso la comida donada por decenas de países se terminó pudriendo.

En el artículo, titulado «Enviados de Guaidó se apropian de fondos para ayuda humanitaria en Colombia», Avendaño comparte fotos de facturas y manifiesta su frustración por los graves hechos de corrupción y el silencio de Guaidó, Leopoldo López y su jefe de prensa, en tácita referencia a Alberto Federico Ravell.

Avendaño también muestra su decepción por los militares venezolanos que desertaron a Cúcuta y fueron presentados como «héroes» que se rebelaron contra Maduro. «Se cuentan con los dedos los militares decentes que están allí», dice citando a una fuente de Cúcuta. También señala que no todos «huyeron» de Venezuela, sino que muchos habían emigrado a Perú o Ecuador meses o años atrás, y que algunos incluso eran «civiles con documentos falsificados.

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A todos se les prometió estadía en hoteles, manutención de ellos y su familia; medicinas, comida, hospital, «lo que necesitaran», con la promesa de que estarían cómodos, tendrían privilegios y serían homenajeados. Llegaron a ser, supuestamente, 1.450 funcionarios que se hospedaban en siete hoteles, pero que «daban muy mala impresión en Cúcuta: Prostitutas, alcohol y violencia. Exigían y exigían».

Revela el periodista: «Me entregaron todas las pruebas. Facturas que demuestran excesos y, varias, extrañísimas, de diferentes talonarios, firmadas el mismo día y con estilos de escritura idénticos. Casi todas sin sello. Gastos de más de 3 millones de pesos en hoteles colombianos y en discotecas, por noche. Unos mil dólares en bebida y comidas. Gastos de ropa en carísimas tiendas de Bogotá y en Cúcuta. Reportes de alquiler de vehículos y pagos en hoteles a sobreprecio. Plata que fluía. Mucha plata». Inteligencia colombiana fue la primera en precisar la anomalía, dice el periodista.

Añade:

«Barrera, designada por Guaidó, empezó a desarrollar todo un entramado para malversar fondos relacionados a la ayuda humanitaria y la manutención de los militares en Cúcuta. Según me confirmaron tres fuentes diferentes, Barrera reportaba a Caracas el pago de los siete hoteles en los que se estaban alojando los uniformados y sus familiares. Caracas desembolsaba los fondos; sin embargo, a Venezuela, subrayo, solo le correspondían dos hoteles».

Aclara el autor del texto que, según inteligencia colombiana, Barrera y Rojas habían inflado la cifra de desertores. Eran 700 y no eran 1.450, como llegaron a informar.

También reseña cómo los dos emisarios intentaron hacer cenas «benéficas» para recabar fondos, supuestamente a escondidas de la persona que Guaidó designo ilegalmente como su supuesto «embajador» en Colombia, Humberto Calderón Berti. Usaron un correo electrónico falso para hacerse pasar por él. La cena tuvo que cancelarse debido a que el «embajador» se enteró de la misma y difundió que él no la había autorizado. Se haría en el lujoso restaurante Pajares Salina, ubicado en la exclusiva urbanización de Chicó Norte en Bogotá.

Avendaño insiste en que el escándalo era un secreto a voces, y que la corrupción fue tan conocida, que Barrera y Rojas fueron retirados de sus cargos por la molestia que había en el gobierno colombiano. Guaidó y Leopoldo López estaban enterados, según Avendaño, quien aclara que los contactó pero no ofrecieron respuesta. «Caracas mostraba una defensa a ultranza de ambos (Barrera y Rojas). Hubo amenazas y se trató de desviar la responsabilidad hacia la embajada de Calderón Berti», señaló el periodista.

Sobre la reacción del gobierno de Colombia, Avendaño escribió:

«El Gobierno de Colombia está molesto. Muy molesto. Esto, junto al hecho de que jamás le notificaron de los diálogos escandinavos y los errores cometidos el 23 de febrero, los ha llevado a preguntarse cuál es el concepto que los venezolanos tienen por ‘aliado‘».

Indica que Rossana Barrera tuvo que acudir el 27 de mayo a rendir cuentas ante la embajada, apoyada por el diputado Luis Florido. «La carpeta que entregó era pequeña. Muy pocas hojas para toda la escandalosa información que manejaba la inteligencia colombiana», explicó PanamPost. «Al final Barrera pudo entregar un soporte, bastante burdo, de US$ 100.000 que había gastado durante su estadía en Cúcuta. Varios montos de los que entregó no se correspondían con la realidad. La cifra es formidable pero, según me dijo el miembro de inteligencia, se queda corta».

«La comida está podrida»
El artículo finaliza con la denuncia de que «al menos el 60 % de todos los alimentos donados por aliados del Gobierno de Juan Guaidó se dañó. Me mostraron fotos sin compartírmelas. La comida está podrida, me dice«. Rojas y Barrera, junto a otros emisarios de Guaidó como Miguel Sabal, eran también responsables del manejo de las toneladas de ayuda humanitaria que llegó a Cúcuta, procedente de por varios países.

«Todo lo que envió el presidente Piñera ya no sirve. Está ahí. No saben qué hacer con ello para que no se arme un escándalo. Lo quemarán, imagino».

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Lea el articulo completo y partes de las pruebas presentadas por el PanaPost Aquí

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