El perro: el mejor amigo

Se dice que el perro es el mejor amigo del hombre. Si tenemos una expresión tan rotunda para referirnos así a nuestros compañeros de cuatro patas es porque existe algo de razón. Todos tenemos muy claro que los perros son nuestros mejores amigos en el reino animal, pero, ¿sabes a qué se debe esta conexión?

El origen de los perros

Se han formulado bastantes teorías sobre el origen de los perros. La más aceptada entre los científicos actualmente es la que explica que evolucionaron a partir de los lobos gracias a los asentamientos humanos. Cuando los humanos se convirtieron en sedentarios y formaron sus primeros poblados, empezaron a generar basureros.

Esos basureros estaban formados sobre todo por restos de comida que atraían a los lobos. Los lobos que tenían menos miedo de los humanos conseguían comer más que el resto, ya que no huían cuando las personas se acercaban a ellos.

Por su parte, los humanos pronto se dieron cuenta de que era una ventaja tener a esos animales cerca: les avisaban cuando algo indeseable se acercaba al poblado y, además, sabían cazar. Los humanos mantuvieron a esos animales cerca de sus casas y empezaron a reproducirse.

Origen del perro doméstico

Los cambios genéticos no debieron tardar en aparecer: a cada generación los cachorros tenían menos agresividad o miedo, por lo que eran más dóciles. Además, ya se estaban criando acompañados de humanos: muy pronto dejaron de ser lobos para convertirse en perros primitivos.

Como se puede observar, los perros no existirían si no hubiese humanos. Su evolución ha dependido únicamente de los seres humanos, que luego además fueron seleccionándolos genéticamente en razas para aprovechar todo su potencial.

La ayuda de los perros

La historia de la humanidad sería muy diferente si no hubiesen existido los perros, ya que nos han acompañado desde nuestros primeros asentamientos. Cuando los primeros cánidos domésticos vivieron entre los humanos empezamos a reproducirlos seleccionando sus mejores características para adaptarlos a nuestras necesidades.

Conexión emocional y química

Quienes hemos tenido una mascota lo sospechábamos, pero un estudio de 2015 de una universidad japonesa lo confirma: mirar o interactuar con un perro aumenta los niveles de oxitocina en el cerebro. La oxitocina también es conocida como la hormona del amor, porque provoca sensación de calma y felicidad.

Es decir, en cuanto química cerebral, es genético que queramos a los perros, con la misma hormona que une a madres e hijos, a familias y a enamorados. Si además interactuamos con ese animal y nos demuestra cariño, se crean lazos emocionales que se pueden llegar a medir científicamente.

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